
Durante varias décadas los usuarios del Sistema de Transporte Colectivo “Metro” de la Ciudad de México sufren a diario y durante muchas horas el caos auditivo que se genera en el interior de los vagones. El ruido es generado normalmente por la infinidad de vendedores ambulantes que abordan los trenes en cada estación, desde los que gritan sus “promociones” hasta los que usan reproductores de música y video con niveles exagerados de volumen en sus altavoces, provocando daño a los tímpanos y “estrés” en los usuarios, además de la incomodidad que generan al pasar con sus bultos de mercancía. Y sumado a esto, nos encontramos con el ruido en las calles ocasionado por obras de construcción puentes o drenajes entre otros.
Los niveles de ruido emitidos en un vagón del “Metro” en estas condiciones rebasan los 110 decibeles, cuando el límite superior recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) no debe exceder los 50 decibeles. La contaminación acústica altera las condiciones normales de un entorno urbano teniendo graves daños a la calidad de vida de las personas. Una de las consecuencias auditivas más importantes para un ser humano causada por la permanencia prolongada a altos niveles de ruido (160 decibeles), es la “socioacusia” pérdida de la capacidad auditiva Así mismo dicha organización tiene estadísticas acerca de la contaminación auditiva alrededor del mundo, donde 130 millones de personas están constantemente expuestas a niveles de ruido mayores a los 65 decibeles, y existen 300 millones de seres humanos que viven en zonas de incomodidad acústica. Pongo algunos ejemplos de los decibeles alcanzados por distintas fuentes de ruido, un taladro para abrir el asfalto alcanza 75 decibeles, las motocicletas producen 125 decibeles, el tránsito normal de vehículos es de 95 decibeles, alrededor de un aeropuerto como el de la Ciudad de México existen 150 decibeles.
Una de las medidas que se han adoptado en México y particularmente el Gobierno del Distrito Federal es disminuir los niveles de contaminación auditiva mediante medición y multas, que van de los 1,000 a los 5,000 salarios mínimos; así como de 2 a 6 años de cárcel o las sanciones administrativas según el “Artículo 346” del “Código Penal” del Distrito Federal. Estas nuevas penas se aplicarán a todas las personas que pasen los 65 decibeles de sonido entre las 6:00 y las 20:00 horas, o por la noche a quién pase los 62 decibeles entre las 20:00 y las 6:00 horas.
¿Qué podemos hacer los ciudadanos para reducir y evitar el ruido al cual estamos expuestos todos los días? ¿Tienen ustedes algunas sugerencias a este problema?
Se aceptan todo tipo de ideas. Por lo pronto, cuando salgo a la calle llevo tapones para oídos que me hacen menos estresante el viaje. Claro esto es únicamente un paliativo personal, necesitamos una solución integral.
Imagen tomada de http://intececologico.wordpress.com/
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