
Antes de comenzar con esta reflexión sobre un tema de interés ecológico, quiero agradecer a Alex Lozano de www.avizpate.com por la invitación a colaborar en este blog.
Creo que muchos de los que leerán este texto les sucede como a mí, que con mucha frecuencia termino siempre con un dejo de impotencia y tristeza cada vez que miro a mi alrededor, y observo como dañamos y alteramos nuestro entorno sin el más mínimo reparo. Ejemplos claros de lo anterior resultan innumerables, pero enunciando sólo algunos es suficiente, el simple hecho de desperdiciar el agua para “lavar” las banquetas, no levantar las heces de nuestras mascotas, escupir el chicle, lanzar la colilla de cigarro, tocar el claxon en cada esquina, fumar en áreas restringidas, no afinar nuestro auto, tirar bolsas de basura en los parques y lotes baldíos, etcétera, nos demuestra que somos capaces (por nombrarlo de alguna forma) de “lumpenizar” nuestro entorno a cada paso que damos.
El desastre ecológico que se lleva acabo cotidianamente en el planeta y en el caso de México, es causado en gran medida por el carente nivel de conciencia humana en la relación de respeto que debemos a la naturaleza y a nosotros mismos. Las soluciones puestas en marcha a esta crisis ecológica como los son, la inversión tecnológica, los programas ecológicos realizados por el gobierno e instituciones no gubernamentales, los mayores flujos de capitales, etcétera; no son suficientes para resolver el problema, creo firmemente que la transformación de nuestra conciencia humana al enfrentarnos y convivir a favor de nuestro entorno más inmediato, disminuiría la cadena de acciones en contra de nuestro medio ambiente. Sin lo anterior iremos directo al fracaso y al deterioro irremediable de nuestro país y de nuestro planeta. Un ejemplo más a detalle es el incremento en el consumo de pilas que señala el “Instituto Nacional de Ecología” en su informe de Marzo de 2009, “…el consumo de pilas primarias en el mercado formal nacional se incrementó en 13 veces para el período 1996-2007, ya que pasó de 2,500 toneladas a cerca de 32,900 toneladas, el incremento también es notorio en términos del consumo per cápita, que pasa de 5.2 pilas por habitante en 1996 a 12.6 pilas por habitante en 2007.”
A medida que avanzan los días, meses y años nos percatamos que se presentan con más frecuencia desastres naturales causado por el deterioro ambiental, los medios de comunicación nos regalan cientos de imágenes desastrosas de pueblos y ciudades enteras que sufren estas crisis ecológicas, entre ellas severas tormentas, sequías, inundaciones, huracanes, derretimiento de glaciares, por mencionar algunas, y que generan un gran número de pérdidas humanas. Así como daños económicos que podrían alcanzar los tres billones de dólares en el año 2040, según “expertos del sector de las aseguradoras durante la Conferencia sobre Cambio Climático de Nairobi (Kenia) en 2006.”
En México y el mundo estamos experimentando una profunda crisis de valores educativos, culturales y espirituales que se traducen en irreparables consecuencias ecológicas, económicas, políticas y sociales. Es urgente una comunicación cultural globalizada que nos lleve a un cambio de conciencia, más allá de los medios tradicionales como la TV y la Radio abierta ya que en la mayoría de las veces resultan inalcanzables para difundir ideas y propuestas de los que andamos a pie. Sin embargo contamos con recursos y herramientas necesarias para ello, como ejemplo las nuevas tecnologías de la información, los medios de comunicación alternativos como este blog en el cual estoy escribiendo, las redes sociales como “Facebook”, “Twitter”, las radios por internet, los boletines electrónicos, las revistas en línea, los emails, etcétera. Y por supuesto sin dejar de lado el tradicional pero efectivo mensaje de boca en boca. La conciencia social nos permitiría a la sociedad civil conocer los métodos para regenerar los ciclos ecológicos, racionalizar el uso de los recursos no renovables, diseñar fuentes alternativas de energía, respetar la vida animal. Por lo que es indispensable construir colectivamente, nuevos valores que produzcan una visión distinta y cotidiana sobre nosotros, nuestras vidas, nuestras familias, nuestro país, nuestra historia, nuestro entorno natural.
Yo propongo y planteo aunque parezca utópico un gran “pacto cultural ecológico” que mueva a la sociedad mexicana a una evolución en el desarrollo cultural y que reformule la relación de equilibrio de los mexicanos con nuestro entorno y la naturaleza. Quizás en otra reflexión pueda esbozar una idea más estructurada de ese “pacto cultural ecológico”. Sin embargo se aceptan propuestas y críticas constructivas si creen que pueda llevarse acabo una idea como esta.
Imagen tomada de http://medusabeachers.wordpress.com/
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